en algún momento
mis situaciones traumáticas
se hicieron tan cotidianas
que crecieron grandes y fuertes
y se volvieron costumbres

y hoy me soporto
en días tan normales
tan prácticos
tan cómodos
tan fáciles de cargar bajo el brazo
tan absurdos

que necesito que me muerda un perro
para recordar esos tiempos
en los que todo era incierto
y la vida una farsa

porque perro que ladra
si muerde

necesito también

que el reloj despertador no suene
que el parcial sea a las siete
que el agua se acabe a mitad de la ducha
y que el jabón no me alcance

en días tan estúpidos
como estos últimos

necesito que nadie me prepare el desayuno
que el autobus se demore
y se me pase

necesito
retomar mis malas costumbres

pisar justo en el charco
y machucarme los dedos
con la puerta del infierno

necesito que el almuerzo
sea escaso y costoso

que la gastritis regrese
al hábitat natural
que hay en mi estómago

y que el atardecer
sea tan breve que tan solo me deje
en los brazos un garabato
con intenciones de poema

en noches como estas
tan cursis
tan frágiles
tan tibias
tan dóciles
necesito una lluvia de fuego
sobre mi cabeza
y el puñal de un atracador
en mi cuello

necesito de mis traumas
y lo peor de todo

es que también
te necesito a ti